Rompiendo el hechizo de la procrastinación, la vía rápida y precisa

 ¿Cómo convertimos la procrastinación en acción? Para esto tengo una fórmula que te va a permitir atravesar la niebla de los ratos que dedicas a cualquier cosa irrelevante, cuando debes dedicarte a algo que realmente pondrá a tu mente a trabajar a toda máquina, pero tú decides que dejarás pasar el tiempo de la oportunidad porque -Oye, mira qué video interesante me encontré sobre las ballenas.

Si te toca en una tecla de particular sensibilidad este caso, vamos a analizarlo. Comúnmente conocida por su propia categoría de nombre procrastinación. Considero que se le atribuye un poder muy profundo para lo que es realmente. Se habla de falta de motivación, enfoque o burnout incluso, pero a pesar de que estos fenómenos tienen relación y le sirven de apoyo cuando están presentes, no son el origen del problema.

¿Y entonces qué sí lo es? El miedo. ¿Y de qué forma podemos asegurarnos de superar este obstáculo para salir victoriosos? Pues lamentablemente, no hay una respuesta bonita, no hay un proceso interior que ampare tu paz y sosiego en este caso. La única vía es atravesarlo, pero sí existe una fórmula cómo comente al inicio del artículo, y la veremos a continuación:

El vacío, la máscara, la incomodidad, la realización, y el resultado.

Empecemos por el primero, y avancemos en orden.
  1. El vacío: La etapa inicial del proceso es observarte en el terreno extraño del no estar haciendo nada. Allí has recordado que tienes una tarea pendiente y estás dejando pasar el tiempo.
  2. La máscara: Entonces te preguntas únicamente la razón de tu estancamiento y la respuesta es algo aproximado a -estoy aburrido, haré eso después. Pero esto no es lo determinante, sino que acudas a tus sentimientos y excaves un poco, si te miras de frente con la pregunta: ¿Realmente es solo eso? Encuentras que tienes miedo.
  3. La incomodidad: Una vez revelada la identidad del mal subyacente, solo tenemos una opción, arremeter contra él, destronarlo de su influencia en nosotros, y este paso realmente cuesta un montón porque es desde dónde más vulnerables nos encontramos y la tarea puede parecer titánica por la distancia que podemos ver qué hay entre nosotros y la meta.
  4. La realización: Ya habiendo pasado tiempo superando nuestro temor, se rompe la sensación de no tener del todo claro lo que hacemos. Y el evidenciar que sí somos capaces nos provee de una fuerza que nos alimenta más, a cada paso que damos, lo que rompe el dominio del miedo y acelera el progreso.
  5. El resultado: El cierre del proceso. Trabajaste diligentemente, con el viento de la experiencia acumulada, y la creatividad y habilidad ya desatadas, impulsando tus velas. Te encuentras listo para lo que ha de seguir.
Así es cómo en mi caso particular me dediqué a realizar tareas que me resultaban adversas, muchas de ellas debajo del antifaz de la pereza, pero observándome con el suficiente cuidado, pude identificar la raíz, y con valor, lanzarme a trabajar. Espero te sirva de apoyo este artículo para esa próxima ocasión donde la procrastinación amenace con devorar la oportunidad que tienes en frente.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

¿No-ser?

El vacio y sus Bondades

¿Reafirmar el conocimiento?