¿Dónde encontraremos nuestra felicidad? No te lo imaginas...

 El paraíso no es un lugar al que vas a llegar cuando logres, bien sea por fruto de tu voluntad o por mera casualidad, modificar tus circunstancias. ¿Y qué te estoy queriendo decir tras esto? Que no es necesario esperar para experimentarlo. Si te determinas a vivir desde ese enfoque en el cual todo te aporta, del cual puedas aprender, sin importar la naturaleza o gravedad del desafío, puedes llegar a él.

¿Cómo logramos esto? Lo principal en ello es morir a la vieja identidad que encuentra su sustento en la lucha, que se queja, que está inconforme con todo y para la que no hay situación en el presente que con una modificación, por pequeña que sea, no le despierte angustia.

Se dice fácilmente, sí, ¿pero cómo lo hago? Dándote cuenta de cuan inefectivos somos respecto a encontrar la satisfacción, no somos felices ni sabríamos serlo aunque mágicamente todo se acomodara en el exterior, ¿Y de qué se trata entonces, de rendirnos? Exacto. Analicémoslo: Tratamos infructíferamente de experimentar un conjunto de situaciones, rodearnos de personas y poseer cosas que a la larga nos fallan, porque no sabemos lo que necesitamos, solo lo que deseamos.

Ahora, ¿seríamos capaces, a la luz de este dato, de modificar el proceso en sí mismo? Solo si tenemos el coraje suficiente para unirnos a la aventura que nos propondrá la vida como alternativa. ¿Que ese es un camino demasiado incierto? Sí. ¿Que nos da miedo afrontar la vida desde nuestra espontaneidad en lugar de pensar y planear todo? También. Pero lo único que puedo decirte es que así opera la existencia, tienes que perder la vista de la orilla antes de que el siguiente destino se manifieste frente a ti. Por eso decimos que Dios obra de maneras misteriosas, porqué Él no va a revelarte sus planes, te va a sorprender absolutamente cuando se hagan presentes, listos para que los experimentes.

Como podrás ver, la única alternativa para acceder a la rendición es confiando, y habrá momentos donde perderemos la brújula y sentiremos angustia y nervios, pero lo primordial es dejar que la vida se encargue de nosotros, así que cierra tus ojos y repite para ti: Dejo ir la voluntad de control, fluyo con lo que se presente frente a mí y hago lo mejor que puedo con ello, sin obstinarme en que sucedan las cosas de una forma u otra.

Así que para cerrar, relájate, trata de mirar más el ambiente que te rodea, trata de conectar genuinamente con los personajes que cruzan su camino contigo, por breve que sea el encuentro, y más que todo, confía en Dios, Él sabe exactamente cuál es la ruta más perfecta para que logres aquello que viniste a hacer en esta tierra. Si te da miedo, es que no estás confiando, y eso sí está bajo tu control, decirle únicamente a Él: Padre, ayúdame a aceptar tu plan, y provéeme de lo necesario para ejecutarlo. Gracias.

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